
Volvía a casa, era un día muy frío cuando de pronto tropecé con una cartera. Solo había tres dólares y una carta, que parecía que llevaba muchos años en la cartera.
Lo único legible era la dirección del remitente. Comencé a leerla intentando encontrar algún dato que me llevara a identificar al destinatario.
Estaba escrita en un papel carta con una flor en el borde izquierdo. En ella relataba que su madre le había prohibido encontrarse con Michael, pero ella le decía que lo amaba con todo su corazón. La carta la firmaba: Hannah.
No había manera de identificar al dueño, me puse en contacto con la compañía telefónica, le expliqué el problema al operador y le pedí el número de teléfono de la dirección que había en el sobre, pero el operador me dijo que no podía darme el número por las normas de la compañía.
Sin embargo el operador hizo algo, se puso en contacto con el número que correspondía a la dirección del sobre, le explicó la situación y con su autorización me pasó el contacto.
Le pregunté a la señora si ella conocía a Hannah. Y ella me contó que hacia 30 años habían comprado esa casa a una familia que tenía una hija llamada Hannah.
-¿Usted sabe dónde puedo localizar a esa familia? Le pregunté.
-Lo único que recuerdo, es que Hannah tuvo que llevar a su madre a un asilo hace algunos años tal vez si usted se comunica con ellos le puedan informar.
Me comuniqué con el asilo y me dijeron que la señora había fallecido hacía algunos años, pero ellos tenían un número de teléfono donde podrían contactar a la hija. Les agradecí y llamé.
La mujer que me atendió, me explico que Hannah estaba viviendo ahora en un asilo. Llamé y me atendió un señor que me confirmó que Hannah estaba ahí.
Al día siguiente fui a verla. Una camarera muy amable me acompañó hasta el tercer piso y me presentó a Hannah. Era una mujer muy dulce de cabello plateado, con una sonrisa y una mirada llena de amor.
Le hablé de la cartera y le mostré la carta. En cuanto vio la carta con aquella pequeña flor, muy emocionada me dijo: -Esta carta fue el último contacto que tuve con Michael. En aquel momento yo tenía solo 16 años y aunque nos amábamos con locura, mi madre creía que yo aún era muy joven.
Michael era una persona maravillosa. Si usted lo encuentra, dígale que pienso mucho en él y que todavía lo amo. Él fue el amor de mi vida, por eso nunca me casé.
Cuando salía, el cuidador me preguntó:
-¿La pudo ayudar Hannah?
-Bueno, le dije, ahora tengo un nombre. De pronto el cuidador vio la cartera y dijo:
-¡Espere un momento! Esta cartera es de Michael, siempre la pierde por todos lados.
-¿Quién es Michael? El vive aquí en el 8º piso. Agradecí al cuidador y corrí a verlo.
-Disculpe, encontré una cartera y quiero saber si es suya.
Él sonrió y dijo:
-¡Si, es mía! debo haberla perdido ayer cuando salí a caminar.
-Me gustaría contarle algo. Yo leí la carta con la intención de encontrar al dueño de la cartera. La sonrisa en su rostro desapareció.
-¿Usted leyó la carta?
-No solo la leí, sino que también creo que sé donde esta Hannah. Michael se puso pálido.
-¿Hannah? ¿Usted sabe dónde está ella? Por favor cuénteme.
-Ella está muy bien, está tan linda como cuando usted la conoció.
El hombre sonrió y preguntó: ¿Me puede decir dónde está? Me gustaría llamarla por teléfono.
Me tomó de la mano y dijo: -Estaba tan enamorado de aquella niña que cuando recibí esta carta mi vida literalmente se acabó. Siempre la he amado y es por eso que nunca me casé.
-Sr. Michael, venga conmigo.
Tomamos el ascensor hasta el tercer piso y llegamos a la sala donde Hannah estaba mirando la televisión.
La enfermera caminó hacia ella y la llamó. Mientras tanto señalaba a Michael que estaba esperando conmigo en la entrada. ¿Usted conoce este hombre?
Ella se acomodó los anteojos, miró un momento y enmudeció. Michael se acercó a ella y le susurró:…
-Hannah, soy Michael. ¿Me reconoces?
-Michael, no lo puedo creer, Michael… Él caminó lentamente hasta ella y se abrazaron.
Ni la enfermera ni yo pudimos contener las lágrimas.
Aproximadamente tres semanas después recibí una llamada del asilo:
«Tenemos el honor de invitarla a la boda de Hannah y Michael»
Fue una boda preciosa. Hannah iba con un vestido beige claro y Michael con un traje azul oscuro. Los dos estaban radiantes.
Era la primera vez que veía a una novia de 76 años y a un novio de 79 años comportándose como dos adolescentes.
«Dios tiene sus tiempos y en su Gracia consideró que era el momento preciso para que Hannah y Michael pudieran concretar esta historia de amor que había durado casi 60 años»