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Desequilibrio

Reflexiones | 20960 lecturas

Existe una maravillosa relación entre tres seres, que ya de por sí son interesantes: las nutrias marinas, el kelp y los erizos de mar.

El kelp es la planta marina de mayor crecimiento, ya que crece un promedio de cincuenta centímetros diarios y su frondosidad se mezcla y entrecruza formando bosques que llegan desde las profundidades marinas hasta la superficie. Los erizos se alimentan del kelp y podrían hacerlo  desaparecer por completo a no ser por la intervención de las nutrias marinas, que se alimentan de una gran cantidad de erizos de mar y así regulan su número.
Estos tres seres convivían en una equilibrada armonía hasta mediados del siglo XIX, donde los hombres comenzaron a cazar nutrias marinas por el valor de su piel. A principios del siglo XX las nutrias se encontraban al borde de la extinción y los erizos, liberados de su natural depredador se multiplicaban y por lo tanto diezmaban los bosques marinos de kelp hasta casi su extinción.

Pero entonces ocurrió algo interesante. La naturaleza volvió a autorregularse dándole una nueva oportunidad a este fantástico ecosistema. Al disminuir notablemente los bosques de kelp los erizos comenzaron a morir masivamente a causa de la falta de alimento. Al reducirse considerablemente la cantidad de erizos, los bosques de kelp volvieron a multiplicarse otra vez. Y como cuando eso ocurrió las nutrias ya estaban protegidas, el equilibrio volvió lentamente a restablecerse. Al crecer el kelp volvían los erizos, mientras la colonia de nutrias iba creciendo.

Entonces el hombre volvió a aparecer en escena. A mediados del siglo XX la zona comenzó a ser seriamente contaminada por la presencia de nuevas poblaciones en las zonas costeras. Muchos animales fueron víctimas de esta contaminación y los erizos, se alimentaban de ellos. Este exceso de alimento volvió a beneficiar a los erizos que aumentaron su número en forma progresiva y alarmante. La gran cantidad de erizos no tardó mucho en poner en peligro los bosques de kelp, pero aún cuando desaparecía, la contaminación impedía que los erizos murieran de hambre masivamente.

Los hombres decidieron tomar cartas en el asunto convenciendo a los buzos deportivos zonales de bajar a los fondos marinos armados con martillos para destrozar a los erizos, seguros de que esta medida ayudaría a su regulación. Obviamente no resultó así. Ya que es ridículo y hasta contradictorio que se ayude a la naturaleza asesinando a martillazos a un animal. La destrucción causada por los buzos sólo aumentó la catástrofe sufrida por la contaminación pero no logró detener el avance de los erizos.

El hombre tratando de arreglar lo que el hombre descompuso suele ser el principio del desastre ya que solemos creer que, como seres pensantes, podremos encontrar la solución y promover el equilibrio. Cuando la verdadera solución es que simplemente dejemos en manos de Dios hacer lo que El sabe hacer como nadie.
La naturaleza necesita de todos los seres vivos para que haya un equilibrio ecológico, cuando uno de ellos se extingue, se produce una inestabilidad en el sistema.
De la misma manera, cada uno de nosotros necesitamos darle a Dios el lugar que debe ocupar en nuestra vida, porque si vivimos sin tenerle en cuenta, los resultados son evidentes.

"Dios en su misericordia, envió a su hijo Jesús para traer el equilibrio que el hombre necesitaba"

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