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Desde mi Cruz a mi Soledad

Ánimo | 31814 lecturas

Te escribo desde mi cruz a tu soledad, a ti que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.

A ti, que tantas veces prometiste seguirme de cerca y sin saber por qué te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te perdieras.

A ti, que no siempre crees que estoy contigo, que me buscas sin hallarme y que a veces pierdes la fe mientras tratas de encontrarme.

A ti, que a veces piensas que soy un recuerdo y no comprendes que estoy vivo. Yo soy el principio y el fin, soy el camino para no desviarte, la verdad para que no te equivoques y la vida para no morir.

Mi tema preferido es el amor. Esa fue mi razón para vivir y para morir. Yo fui libre hasta el fin, tuve un ideal claro y lo defendí con mi sangre para salvarte. Fui maestro y siervo, soy sensible a la amistad y hace tiempo que espero que me brindes la tuya. Nadie como yo conoce tus sentimientos, tus pensamientos, tu proceder y sé muy bien lo que vales.

Sé que quizás tu vida te parezca pobre a los ojos del mundo, pero Yo sé que tienes mucho para dar, y estoy seguro que dentro de tu corazón hay un tesoro escondido; conócete a ti mismo y me harás un lugar a mí.

Si supieras cuánto hace que golpeo las puertas de tu corazón y no recibo respuesta. A veces también me duele que me ignores y que me condenes como Pilatos, que me niegues como Pedro y que me traiciones como Judas.

Y hoy, te pido paciencia para con tus padres, amor para tu pareja, responsabilidad para con tus hijos, tolerancia para los ancianos, comprensión con todos tus hermanos, compasión para el que sufre y que les sirvas a todos.

Quisiera no volver a verte egoísta, orgulloso, rebelde, disconforme, y pesimista.

Desearía que tu vida fuera alegre, siempre joven y decente. Cada vez que sientas debilidad, búscame y me encontrarás; cada vez que te sientas cansado, háblame, cuéntame. Cada vez que creas que no sirves para nada no te deprimas, no te creas poca cosa, no olvides que yo necesité un asno para entrar en Jerusalén, como necesito de tu pequeñez para entrar en el alma de tu prójimo.

Cada vez que te sientas solo en el camino, no olvides que estoy contigo.

No te canses de pedirme, que yo no me voy a cansar de darte, no te canses de seguirme que yo no me cansaré de acompañarte, nunca te dejaré solo.

Aquí a tu lado me tienes, aquí estoy para ayudarte.

Te quiero mucho, tu amigo:

          Jesús

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